viernes, 16 de enero de 2009

Texto escrito hace dos años, al apreciar el número de víctimas por malos tratos existentes

Una discusión más. Él grita. Ella llora en un rincón mientras se repite que no puede seguir así.

Una y otra vez, mientras él la deja sola y se va con sus amigos.

Ella sabe que volverá a dormir solo, como tantas otras noches, y él sólo piensa en divertirse para olvidar la rutina.

Ella sabe que volverá borracho, y él sabe que ella fingirá estar dormida.

Ella tiene miedo, y él le da mil y un motivos para tenerlo.

Ella se queda dormida esperando a que él vuelva. Y él está divirtiéndose, ha conseguido olvidar la monotonía.

Ella no le escucha entrar en casa, y él cree que finge estar dormida.

Él comienza a gritarle, a golpearle; pero ella no despierta.

Sus hijas aparecen en la puerta reclamando su cena, pues ella ha estado toda la tarde en la cama.

Él llama a una ambulancia que se la lleva al hospital. Ella es ingresada por sobredosis de tranquilizantes. Él comienza a preocuparse.

Pero ya es demasiado tarde, y el médico confirma sus peores temores.

Las niñas preguntan por su madre. Él no sabe qué decirles.

Es un asesino, no se dio cuenta a tiempo, él la mató poco a poco.

Con cada discusión, cada grito, cada insulto, cada golpe de él... ella iba mueriendo lentamente, y él no se dio cuenta.

Él debe hacer algo. Deja a las niñas con sus abuelos y les pide que las cuiden siempre.

Luego coge el coche y se toma los tranquilizantes que quedan en el frasco de su esposa: cinco en total...


Él se despierta en un quirófano, acaban de amputarle ambas piernas.

Su condena comienza. Ella es capaz de descansar por fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario